sábado, 2 de agosto de 2008

Bienvenido a la ciudad - Capítulo · 1

Era demasiado caótico, fue lo primero que se me ocurrió, cuando escuche de la boca de mi editora que quería que me encargará de hacer un reportaje sobre los 5 restaurantes mas famosos de la ciudad para el próximo numero. Me levanté maldiciendo por dentro y me dirigí a mi oficina tratando de adivinar el mejor método para ganar tiempo y atinarle a la selección, yo no se de comida, nunca supe de comida y no quiero saber, a mi lo que me gusta es la moda.


Tenía apenas una semana que había llegado a mi nuevo hogar, apenas y me había dado tiempo de pensar, empacar y despedirme, la oportunidad llegó cuando mas la necesitaba, pero cuando menos la esperaba, recuerdo que una mañana abrí mi correo electrónico y ahí estaba la propuesta de mis sueños, bueno casi la propuesta de mis sueños.


Desde que tengo uso de razón recuerdo que siempre me gustó la ropa, los desfiles, algunas personas pensaron que algún día tendría mi propia línea, que sería parte de los diseñadores de moda y que me sería parte del grupo de millonarios de la industria, pequeño problema me gusta la moda, pero no trabajar en ella, después de tanto pensar lo mejor que se me ocurrió fue dedicarme al área de modas, en mi pequeño pueblo natal, bastante pintoresco trabajé en la revista local y manejé una marca de ropa pequeña.


Al llegar a mi nueva casa seguía tratando de adivinar como hacer las cosas, me quité el abrigo y me quedé viendo hacia la ventana, vi que estaba nublado y se me antojó caminar un poco, tal vez podría conocer un poco mas de Houston y preguntarle a los locales acerca de los mejores lugares, mientras caminaba me topé con uno de esos locales que venden café por todo el mundo y que siempre están abarrotados de gente, el café por lo menos a mi me sabía igual en todas partes, pero siento que ahora tomar café estaba de moda y el vaso del local era un perfecto accesorio.


Iba saliendo del local, cuando sentí un leve empujón por atrás, pude sentir la rabia recorriendo mi cuerpo, pero pronto me embargó un sentimiento de culpa, mi vaso estaba vació, me quise disculpa, pero no me salieron palabras, era mayor mi vergüenza, trataba de explicarle que había sucedido, esperaba gritos o una mala cara, pero todo lo contrario, me había ganado una sonrisa y de la nada el rostro extraño comenzó a ser conocido, mi víctima del café y yo habíamos trabajado en el pasado, Christian gozaba de los privilegios de la fama local, los que te hacen conocido, pero no celebridad, aparte tenía los mejores contactos en la moda dentro de mi nueva ciudad, su trabajo de fotografía simplemente era maravilloso.







Pasamos las siguientes 3 horas hablando de todo y nada, del pasado, del futuro, pero del poco presente, cuando le hablé de mi nueva tarea en la revista, se ofreció a ayudarme, dijo que me llevaría a los 10 mejores restaurantes y que yo podría elegir 5, sentí que me salvaban la vida, ahora estaría doblemente en deuda me salvaría de que el ogro de mi editor me cortará la cabeza y yo aún no olvidaba el café que le tiré.


La noche siguiente llevaba 20 minutos de retraso, una razón mas para sentir la culpa que te provoca la vergüenza, era mi primer salida con alguien de la ciudad y yo llegaría tarde, estaba a punto de salir cuando sin querer golpee una caja y su contenido cayó al suelo, pensé en dejarlo tirado e irme, pero no soy así, toda la noche estaría pensando en el desastre, me apresuré a regresar todo a su caja, cuando encontré la verdadera razón de mi cambio de ciudad y peor aún recordé que mi corazón estaba roto.


Definitivamente tenía que ser uno de los locales de moda, la fila de espera era enorme y yo llevaba media hora de retraso, llegué hasta casi el inicio de la fila donde estaba Christian me disculpó y me dijo que no había problema, justo cuando llegamos a la mesa, pedimos servicio para 4, pensé que seríamos 2, dije en voz alta y en ese instante me arrepentí, respondió que esperaba que no me molestará pero había decidido que nuestra aventura necesitaba mas opiniones, así que había invitado a 2 de sus personas favoritas en el mundo, supuse que realmente tenían que ser realmente agradables para describir a alguien así y esperé tener tanta simpatía como para que no vieran simplemente a alguien más que invade a su ciudad.


Las siguientes 10 noches me la pasé entre el trabajo y sintiéndome dueño de la ciudad, no solo fui a los mejores restaurantes, sino también al cine, de compras, a los cafés y disfrutando de la compañía de Christian, Ariel e Hiram, con el artículo terminado decidí que era hora de devolver el favor y decidí invitar a mis nuevas amistades a una pequeña cena en mi casa, no se en que momento pensé que podía cocinar.


La comida fue un desastre, acabamos pidiendo servicio a domicilio, pero la compañía fue agradable, todo iba bien, hasta que de algún modo alguien se las ingenió para hablar de las relaciones del pasado, yo preferí no opinar, omitir comentarios y solamente a afirmar con la cabeza, no quería que me cuestionaran.


Después de despedir a mis visitantes y escuchar todas sus historias, decidí que yo quería dar una vuelta por la ciudad, tenía mucha vida, la gente salía y entraba de los bares, compartían con sus amigos, realmente lamenté no tener a los míos cerca y comencé a perderme entre mis pensamientos sin dejar de caminar y así de la nada me detuve, al principio ni yo lo entendí, pero en cuestión de segundos, ahí estabas tú, tenías la mirada fija en mi y a mi solo se me ocurrió sonreír, hiciste lo mismo y con señas me invitaste a entrar al bar.


Me quedé inmóvil, pensando unos segundos, que seguramente me parecieron una eternidad, estaba frente a ti, frente a mi personaje extraño que sabía que tarde o temprano te convertirías en un problema, pero aun así entré y me acerqué, creo que era momento de descubrir que tenía la nueva ciudad para mi…